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SOMOS EMOCIONES

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Hablar o leer sobre emociones y gestión emocional es algo habitual en la actualidad. No hay semana en la que no se publique algún artículo o investigación sobre la importancia de las emociones en nuestra vida y la gran influencia que tienen en cada uno de nosotros.

No obstante, sigue habiendo muchas personas que no atienden a sus emociones; en muchas ocasiones por desconocimiento, en otras, por miedo. Si ciertas emociones se juzgan como negativas, es muy frecuente intentar ignorarlas y rechazarlas. Se ponen en marcha todo tipo de habilidades para evitar enfrentarse a ellas, reconocerlas y darles el espacio que merecen. En consecuencia, es muy posible que las emociones aparezcan de modo virulento, alterando la salud y generando problemas por no saber cómo gestionarlas.

Lo cierto es que expresar emociones ha sido algo inadecuado y mal visto a nivel social hasta los años ochenta en los que se empezaron a conocer estudios que ponían en relieve su importancia. Especialmente denostadas estaban las consideradas “emociones negativas”, y así se transmitía culturalmente, de manera que no se permitía mostrarlas ni se enseñaba a reconocerlas y gestionarlas. Por ejemplo, a los varones se les inculcaba que “los hombres no lloran” o se decía que las “señoras” debían mostrarse complacientes y no tener muestras de enfado…

Afortunadamente, en la actualidad se van incorporando programas de gestión emocional en colegios, escuelas, y en otros ámbitos, y se le está empezando a otorgar la importancia que merece.

Desarrollar la habilidad de identificar, regular y gestionar nuestras emociones es vital; de ella depende, no solo nuestra salud mental y física, sino también la de las personas que nos rodean.

Las emociones no son ni buenas ni malas, son meras transmisoras de mensajes. Por ejemplo, la tristeza nos pide que reflexionemos y nos da un tipo de energía que invita a la pausa. La ira nos indica que alguien ha pisado nuestros derechos y nos proporciona una energía para que pongamos los medios para que no se repita. El miedo nos informa de cierto peligro y nos lleva a ponernos salvo.

Antonio Damasio, médico, divulgador científico, catedrático de Psicología, Neurociencia y Neurología, y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2005, entre otros, sostiene que las emociones, de algún modo, han gobernado la supervivencia y, en consecuencia, la evolución de las especies. Según expone, las emociones, desde los microorganismos primigenios, han empujado a los seres vivos a unas determinadas decisiones para garantizar su supervivencia, adaptarse mejor al medio y, en definitiva, vivir. Aunque antes se decía que las emociones no eran buenas consejeras a la hora de tomar decisiones, la teoría de los marcadores somáticos que él ha desarrollado explica que, para tomar buenas decisiones, en primer lugar, hay que escuchar a las señales que recibimos de las emociones.

Cada persona decide qué hacer con el mensaje que le transmite cada emoción y qué sentido le otorga. No deben confundirse las emociones con los sentimientos. Los sentimientos son las experiencias que tenemos de las emociones; son el sentido que le damos a cada emoción.

La forma en que transformemos la energía que nos brinda cada emoción define nuestra forma de afrontar los retos diarios, y en última instancia, nos define a cada uno de nosotros.