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¿Por qué sentimos que no merecemos?

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En mi trayectoria profesional me he encontrado en bastantes ocasiones con personas que no lograban aquello que querían porque había algo en su interior que lo impedía: el sentimiento de no merecerlo.

¿Qué es merecer? Cuando nos referimos a las personas, merecer significa “hacerse digno de lo que corresponde, sea premio o castigo”.

Quienes sienten que no son merecedores pueden estar siendo limitados por algunas creencias. Muchos de los mensajes que se dicen a sí mismos son repeticiones de lo que escucharon en su infancia y han pasado la vida sin cuestionarlos.

Aunque puede haber otras creencias relacionadas con ese sentimiento de “no merecer”, en muchos casos viene de haberles inculcado que, si alguien quiere algo, tiene que ganárselo con su empeño, y no siempre hay garantía de una recompensa. De hecho, se considera una obligación que las personas hagan las cosas por deber, sin importar si realmente quieren hacerlo.

En este contexto, lo que se considera valioso es porque se obtuvo a través del esfuerzo, el sacrificio y el trabajo. Si algo no se obtiene por estos medios incluso puede ser negativo en la vida de la persona, sintiéndose incómoda o no merecedora de tener algo que no es producto del esfuerzo.

Sin embargo, las personas, por el simple hecho de existir, merecemos el amor, la paz, la salud, la prosperidad y el bienestar que estemos dispuestas a recibir. En este sentido, la consciencia de merecer y la autoestima están estrechamente vinculadas.

Cuando una persona tiene una autoestima fuerte siente que se merece lo mejor porque ella también tiene muchas cosas buenas que ofrecer a la vida y a los demás.

Las creencias y la autoestima se pueden trabajar si lo consideramos necesario, porque de lo que se trata es de dar lo mejor de nosotros mismos y recibir todo lo que venga aparejado, además de agradecerlo y disfrutarlo.