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MOTIV-ACCIÓN

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Con frecuencia hablamos de la motivación, decimos que estamos o no motivados, que una situación concreta nos motiva o incluso que tal o cual persona no lo hace (jefe, pareja, etc.). Sin embargo, resulta útil aclarar algunos conceptos sobre la motivación para hacernos una idea más exacta de lo que implica.

La motivación es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta de la persona hacia metas o fines determinados. Es el impulso que mueve a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación incluso en las situaciones difíciles.

La motivación no es estar animado, aunque muchas veces lo utilizamos de manera sinónima. La motivación es tener motivos.

Y, ¿qué es un motivo?

Un motivo es algo que constituye un valor para alguien.

La motivación está constituida por el conjunto de valores que hacen que un sujeto “se ponga en marcha” para su consecución. La motivación hace que salgamos de la indiferencia para intentar conseguir el objetivo previsto. Por lo tanto, motiva lo que vale para cada sujeto.

Aunque se pueden establecer distintos tipos de motivación, es muy habitual distinguir entre motivación extrínseca y motivación intrínseca.

La primera hace referencia a que los estímulos motivacionales vienen de fuera del individuo y del exterior de la actividad; hablaríamos, por ejemplo, de las recompensas y los castigos: hacemos algo para obtener dinero, evitar un castigo, complacer a otra persona o por alguna otra razón que tiene poco que ver con la tarea.

Por otro lado, la motivación intrínseca es aquella que viene del interior del individuo. Se asocia a los deseos de autorrealización y crecimiento personal, y está relacionada con el placer que siente la persona al realizar una actividad. Con este tipo de motivación la persona se involucra personalmente en lo que hace y decide poner en ello gran parte de su empeño.

Como se puede apreciar, la motivación está estrechamente vinculada al hacer, a la acción. Podríamos decir que, si no hay acción, el supuesto motivo no es suficientemente valioso o importante.

Existen muchas diferencias individuales respecto a lo que motiva a cada persona. No todo el mundo tiene la misma energía ni las mismas inquietudes.

¿Qué podemos hacer para automotivarnos?

La automotivación es uno de los ámbitos de la inteligencia emocional, y supone el poder regular la fuerza que empuja a actuar a partir del conocimiento que uno tiene sobre sí mismo. Se trata de una actividad consciente, de un sujeto reflexivo, que procura ser el agente de su conducta.

La automotivación es el siguiente nivel de la motivación intrínseca.

Para desarrollarla, en primer lugar, es fundamental clarificar qué queremos lograr, y en segundo lugar, determinar exactamente qué tenemos que hacer para conseguirlo, es decir, establecer un buen plan de acción.

Además, resulta muy útil convertir en hábitos las siguientes prácticas:

  • Pensar en positivo: aprender a gestionar nuestro dialogo interior para que nos ayude en nuestros propósitos y no ejerza un boicot sobre los objetivos que queremos alcanzar.
  • Llevar un registro de nuestros progresos. Fragmentar el trabajo en pequeñas acciones e ir anotando y percibiendo que el esfuerzo va dando sus frutos.
  • Visualizar el resultado que deseamos alcanzar. Esta técnica permite obtener mayor perspectiva del camino a recorrer y de los recursos necesarios, además de crear el contexto ilusionante para seguir invirtiendo esfuerzo para el logro de lo que nos hemos propuesto.
  • Hacer un listado de las razones que tenemos para lograr aquello que queremos lograr. Poner negro sobre blanco nuestros motivos para hacer algo, nos sirve de antídoto para las excusas y todos aquellos saboteadores (pereza, incertidumbre, miedo, etc.) que pueden obstaculizar nuestro camino.

 

“Sólo hay una persona que puede decidir lo que voy a hacer, y soy yo mismo.”

El Ciudadano Kane. Orson Welles