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LA INTELIGENCIA SOCIAL, CLAVE PARA UNA VIDA PLENA

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Desde hace un tiempo, y especialmente en el último año, no hay semana en la que no se publique algún artículo relacionado con la inteligencia emocional.

Resulta incuestionable la importancia que tiene esa capacidad de identificar, entender y manejar las emociones correctamente, para facilitar las relaciones con los demás, la consecución de metas y objetivos, el manejo del estrés o la superación de obstáculos.

Daniel Goleman popularizó ese concepto con la publicación de su libro en 1995, dando lugar a miles de estudios y artículos que reafirman la importancia de dicha inteligencia. No obstante, posteriormente se ha centrado, al igual que Karl Albrecht, en la llamada “inteligencia social”.

Ambos autores explican que el impacto de las relaciones sociales que establecemos diariamente es mucho mayor de lo que posiblemente imaginamos.

Las personas que nos rodean tienen la capacidad de moldear nuestros estados de ánimo al tiempo que nosotros ejercemos una influencia análoga en ellos. Esa comprensión profunda del influjo que las relaciones tienen en nuestra vida y en la de los demás, da origen a lo que puede llamarse la “inteligencia social”, cuyo desarrollo exige conocer la forma en que funcionan las relaciones y comportarse adecuadamente en ellas.

La inteligencia social es la que nos permite tener en cuenta al otro y no guiarnos solamente por nuestro interés personal; es la que disminuye nuestro afán de poder, la que nos hace más solidarios y la que nos hace más fácil la integración a un grupo.

Nuestra posibilidad de sobrevivir como especie ha dependido directamente de nuestra habilidad para comunicarnos con los otros y lograr una coordinación grupal.

¿Qué es la inteligencia social?

Según explica Karl Albrecht en su libro “Inteligencia Social” (Ed. Zeta, 2007), es la capacidad para llevarse bien con los demás y conseguir que cooperen con nosotros.

Se trata de una capacidad innata de todos los seres humanos pero que es necesario desarrollar para lograr una mejor convivencia y una buena calidad de vida.

Para desarrollarla habla de “comportamientos nutritivos”, es decir, esos comportamientos que hacen que los demás se sientan valorados, capaces, queridos, respetados y apreciados por nuestra parte, frente a los comportamientos tóxicos que provocan que los demás se sientan devaluados, furiosos, culpables…

Las personas de elevada inteligencia social resultan magnéticas debido a que las personas que tratan con ellas se sienten alimentadas beneficiosamente por el encuentro.

Albrecht establece 5 habilidades que caracterizan la inteligencia social y las enmarca bajo las siglas SPACE: “S” Situación (ser capaz de entender a las personas y sus sentimientos en las diferentes situaciones vitales), “P” Presencia (ser accesible, transmitir proximidad y confianza), “A” Autenticidad (ser sincero con uno mismo y con los demás), “C” Claridad (saber expresar claramente los propios pensamientos), y “E” Empatía (sintonizar con las personas, entender su punto de vista y aceptarlas tal como son).

Esta última habilidad, la empatía, es la herramienta básica tanto en la inteligencia emocional como en la inteligencia social. Cada vez que abandonamos nuestras posiciones para explorar el punto de vista del otro, estamos desarrollándola.

La empatía es una destreza que podemos adquirir. Implica tener un buen conocimiento de uno mismo, poner en tela de juicio determinadas verdades y ser conscientes de que no consiste solamente en ponernos en el lugar del otro, sino, también, en entender a la otra persona en su totalidad, y valorarla en su conjunto.

Así pues, se actúa con inteligencia social cuando se aprende a escuchar, cuando se deja de criticar y se acepta a los demás como son porque se puede entender lo que piensan y sienten.

La inteligencia social desarrolla el sentido de comunidad y de pertenencia, y hace posible identificarse con el entorno.

La Inteligencia social es una capacidad fundamental para tener una vida plena en todos los ámbitos. De hecho, muchas de las investigaciones que se están realizando para averiguar cuáles son los “secretos de la felicidad” concluyen que el cultivo de relaciones personales de calidad es un elemento clave.

“El ingrediente más importante en la fórmula del éxito es saber llevarse bien con las personas”. Theodore Roosevelt