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La esclavitud de las expectativas (si lo permitimos)

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Tener expectativas sobre uno mismo y sobre los demás es algo común en el ser humano. Incluso, a veces, no somos conscientes de que nos acompañan en nuestro día a día.

Las expectativas son suposiciones sobre cómo creemos que tienen que ser las cosas, pero muchas veces olvidamos precisamente eso, que son creencias, no realidades.

De alguna manera podemos estar esclavizados por lo que se define como “una buena relación”, ser “una buena persona”, tener «el comportamiento correcto”, “tener éxito”, etc.

Hay personas que dicen no esperar nada de nadie ni de las circunstancias para no decepcionarse… En cierto modo esto es un mecanismo de defensa para evitar sufrir.

Otras esperan reacciones, comportamientos, situaciones… de sí mismas y de los demás que muchas veces no se producen tal y como las habían imaginado, y se frustran, e incluso enfadan. En algunos casos, esos momentos de decepción aguda son fruto de una insatisfacción no identificada, impaciencia, anhelos, necesidad de control, tensión y estrés que ni siquiera se había percibido.

También podemos encontrar personas que sienten el deber de cumplir con las expectativas que los demás tienen respecto a ellas. Sienten que tienen que “dar la talla” y se embarcan en un círculo vicioso en el que, a medida que van logrando los resultados que se esperan de ellas, se cargan con nuevas expectativas, lo que puede conducir a un sufrimiento constante. En consecuencia, dejan de vivir el momento presente proyectándose continuamente en un futuro incierto y estresante.

Las expectativas están bien cuando son realistas, pero no sirven de nada si nos conducen a imaginarnos que pasará algo irreal.

La vida es cambiante, pero, sin embargo, muchas veces damos las cosas por sentado, esperamos que todo sea “perfecto”, y abrimos la puerta a decepciones y frustraciones.

Además, hoy en día, la forma de relacionarnos y comunicarnos a través de los dispositivos electrónicos es extremadamente dinámica. Prima la inmediatez. Esperamos respuestas en un tiempo y forma concretos, lo cual viene a incrementar nuestras expectativas, y en muchos casos, frustraciones, cuando dichas respuestas no se producen cómo y cuándo las habíamos imaginado.

Por todo ello, es importante tener presente y recordarnos a nosotros mismos que las cosas son como son, que no tiene por qué haber una única solución o respuesta a un problema, que nuestro bienestar no depende del futuro, y que tan solo somos dueños de nuestras propias acciones.

Si confiamos en nosotros mismos, nos enfocamos más en nuestras metas y acciones, y dejamos a un lado las expectativas, todo ello nos permitirá tener más paciencia y determinación, aprovechar las oportunidades del momento presente, vivir experiencias de las que aprender y en ultima instancia, obtener los resultados positivos que deseamos.