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Jóvenes y desempleo… la necesidad de un proceso integral de orientación y acompañamiento

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Hace unos días se publicaba un estudio del Observatorio Social de La Caixa titulado “Paro juvenil y pobreza, ¿un problema estructural? ” donde, entre otras cosas, se recogía algo de sobra conocido: el bajo nivel de estudios es el mayor obstáculo que tiene la población joven para encontrar trabajo.

Según detallaba el estudio, en 2015, el 48,3% de las personas menores de 25 años estaba en paro en España, muy por encima de la media europea (20,3%).

Es evidente que la crisis económica ha tenido una profunda repercusión en todos los colectivos, y especialmente entre la población joven, pero, tal y como se argumenta en dicho documento, la educación protege del desempleo independientemente del ciclo económico (haya crisis o no la haya), y de hecho, no afectó a todos por igual en función de su nivel educativo: mientras la tasa de empleo solo disminuyó diez puntos en quienes tenían estudios superiores y veinte en los que habían cursado el bachillerato, en el grupo de personas que solo tenían estudios primarios cayó entre 25 y 30 puntos. Este último dato manifiesta un gran riesgo que puede conducir a la exclusión laboral y social.

El abandono escolar temprano (20% en 2015) y el gran porcentaje de personas jóvenes que tienen baja cualificación (según EPA, IV trimestre 2016: el 7,2% de las personas entre 16 y 29 años tiene estudios primarios o menos, y el 35,5% la Educación Secundaria Obligatoria) constituyen un problema grave en España.

En suma, las personas inactivas menores de 30 años han aumentado considerablemente con la crisis: en 2016 el 44% no estudiaba ni trabajaba (frente al 32,5% en 2008).

Aunque se han tratado de implementar políticas de empleo que mejoren esta situación como, por ejemplo, el programa de Garantía Juvenil, los resultados no están siendo los esperados.

Tal y como sugiere el estudio, es necesario poner en marcha políticas activas diferenciadas que aborden el problema no como un fenómeno homogéneo sino atendiendo a diferencias de edad, nivel de estudios, situación familiar y social, etc.

En este sentido, se ha demostrado la eficacia de los procesos de Orientación Vocacional y Profesional llevados a cabo de forma temprana, de tal manera que se aborden las dificultades en su origen, se puedan solventar y reconducir para evitar el abandono educativo temprano, y a su vez, favorecer la elección consciente de la formación que posibilite el desarrollo de la carrera profesional.

Estos procesos de Orientación han de ser integrales, atendiendo a la persona en todas sus dimensiones, y específicos según la edad y la situación personal concreta, de manera que se puedan establecer objetivos realmente vinculados a los intereses y capacidades de cada persona.

La Orientación Vocacional y Profesional, con la ayuda del Coaching, pone a disposición de estas personas en particular, los procesos específicos y el acompañamiento necesario para abordar las transiciones que se han de vivir, activar recursos, tomar decisiones acertadas y en definitiva, desarrollar todo su potencial hacia el objetivo profesional que se propongan.