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CONFIAR EN LOS DEMÁS, ESENCIAL PARA EL BIENESTAR

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Según indica el diccionario, “confianza” es la seguridad o esperanza firme que alguien tiene de otro individuo o de algo. Así mismo, se trata de la presunción de uno mismo y del ánimo o vigor para obrar.

La confianza es un bien preciado, es una emoción positiva que garantiza la fuerza de un vínculo.

Hace unos meses, con motivo de la celebración del “Día Internacional de la Felicidad”, se publicaba un estudio en Navarra elaborado por la Asociación CoCiudadaNa, donde se desgranaban los ingredientes que conforman eso tan ambiguo que denominamos “felicidad”. Entre los diferentes elementos analizados, destacaba que el nivel de confianza que cada persona tiene en los demás influye sustancialmente en esa percepción de felicidad personal. En concreto, el estudio reflejaba que las personas navarras en general se atribuyen un nivel alto de felicidad pero las que viven en la Ribera Navarra, configurada por localidades rurales con buena climatología, en las que se convive y mantienen relaciones más estrechas que en el medio urbano, manifestaban un mayor índice de confianza en los demás y por tanto, su percepción de felicidad era más elevada.

Las personas estamos predispuestas genética y evolutivamente para conectar las unas con las otras.

Los actos cotidianos están llenos de momentos en los que uno se entrega y confía. Confiar da sosiego y tranquilidad. Confiar también supone compromiso y honestidad. Necesitamos confiar en los demás y ser personas confiables para el resto.

A veces sufrimos decepciones con otras personas que nos pueden conducir a dudar de todo y de todos… pero convertirse en un ser desconfiado tiene un coste demasiado alto. No confiar supone estar siempre a la defensiva, con miedo, y ello ocasiona un gran sufrimiento emocional. 

Si uno cree que la mayoría de la gente es mala y que están esperando una oportunidad para jugártela, todas las personas de alrededor se convierten en enemigos. Ponerse a la defensiva y dejarse dominar por el miedo puede mermar las propias capacidades y las posibilidades de vivir plenamente.

Sin embargo, la creencia de que la gran mayoría de la gente es buena nos permite confiar. Ello no significa convertirse en personas ingenuas o inconscientes, sino utilizar esa herramienta para seguir adelante y crear, porque cuando confiamos nos permitimos abrirnos a nuevas posibilidades. 

Sin confianza no haríamos prácticamente nada; confiar es la base para avanzar y vivir plenamente.

Confiar y vivir van de la mano.