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CÓMO SER MÁS RESILIENTE

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La ‘resiliencia’ se ha convertido en un término habitual cuando se habla de competencias fundamentales para un buen desempeño en el ámbito profesional y también cuando hacemos alusión a las herramientas necesarias para afrontar las circunstancias adversas que nos acontecen en cualquier ámbito de nuestra vida.

La Doctora Rafaela Santos, Presidenta del Instituto Español de Resiliencia, la define como la capacidad para afrontar la adversidad de forma constructiva. Se trataría de saber adaptarse con flexibilidad y salir fortalecido del suceso traumático.

En otras palabras, ser resiliente significa tener capacidad para asumir las dificultades, aceptarlas y aprender de ellas.

La resiliencia no es innata, se trata de una capacidad que todos podemos desarrollar; incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

Las personas resilientes han aprendido a gestionar sus emociones y sus respuestas ante ciertas situaciones, lo que les permite sobrellevarlas de la mejor manera y salir fortalecidas de ellas.

Estas personas tienen mayor equilibrio emocional frente a situaciones de estrés, soportando mejor la presión. No solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

Estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.

Diferentes estudios destacan la importancia del entorno en el que se han desarrollado los individuos resilientes: tenían poca edad al ocurrir algún evento traumático, contaban con figuras maternas y/o paternas competentes, y disponían de adecuadas relaciones sociales que les proporcionaban un buen aporte de apoyo social.

No obstante, aunque una persona haya vivido un hecho traumático sin contar con dichos elementos, puede aprender a ser más resiliente.

Algunas de las claves que nos pueden ayudar son las siguientes:

  • Realizar introspección y aumentar nuestro autoconocimiento.

La clarificación y definición de nuestras principales fortalezas y habilidades, así como nuestras limitaciones y debilidades, identificando los aspectos que podemos mejorar, es un ejercicio fundamental para fortalecer la autoconfianza y autoestima.

  • Confiar en las propias capacidades.

El tomar consciencia de las potencialidades y limitaciones clarifica lo que uno es capaz de hacer y facilita el no perder de vista los propios objetivos y la seguridad de que se pueden alcanzar.  

  • Encontrar un propósito de vida que nos mueva a seguir adelante. Automotivación.

Tener presente aquello que nos guía en la vida nos lleva a perseverar y avanzar para conseguir nuestro propósito.

  • Aprender a gestionar nuestras emociones. Autorregulación emocional.

Resulta necesario identificar nuestras emociones, acéptalas y aprender a gestionarlas de manera que seamos capaces de modular su intensidad, frecuencia, duración y resultado.

  • Adoptar una actitud positiva ante todo lo que nos acontece.

Mantener una actitud positiva ante la vida es una necesidad puesto que tiene efecto directo en la salud mental y física.

  • Cultivar y cuidar las relaciones personales. 

Contar con personas capaces de dar afecto, soporte y en las que confiar, es un factor de protección. Las relaciones sociales positivas cumplen una función de apoyo social que amortigua el efecto de las emociones negativas y fortalecen la resiliencia. De hecho, diversos estudios demuestran que uno de los factores más importantes en este ámbito es tener relaciones de cariño y apoyo.

  • Aceptar los cambios y aprender a lidiar con la incertidumbre.

La vida es cambio. Ser flexible es un elemento fundamental de la resiliencia.
Si aprendemos a ser más flexibles estaremos mejor equipados a la hora de responder a una crisis vital.

  • Mejorar las habilidades de resolución de problemas.

Las personas que pueden obtener diferentes soluciones para resolver un problema son capaces de afrontarlo mejor.

  • Desarrollar hábitos de cuidado personal.

Practicar deporte, cuidar la alimentación, llevar un diario personal, cuidar el descanso y la calidad del sueño, realizar meditación o mindfulness, entre otras, son elementos que fortalecen la resiliencia.

 

A lo largo de la vida podremos vernos expuestos a repetidas situaciones de pérdidas y dificultades: fallecimientos de seres queridos, pérdida de la salud, fracaso en diferentes ámbitos, catástrofes naturales, etc. pero cada una de esas situaciones puede ser una oportunidad para aumentar nuestro aprendizaje y seguir creciendo.

“En medio de la dificultad reside la oportunidad.” Albert Einstein