All You Need
In One Single
Theme.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat
Search here:

APRENDER A DEJAR DE JUZGAR PARA VIVIR CON MAYOR PLENITUD

Home > Sin categoría  > APRENDER A DEJAR DE JUZGAR PARA VIVIR CON MAYOR PLENITUD

Desde edades muy tempranas aprendemos a distinguir entre “lo bueno y lo malo”, lo que “está bien y lo que está mal”, tanto a través de enseñanzas concretas que se nos transmiten, como experimentando las consecuencias de haber hecho algo de una determinada manera.

Hacer juicios y valoraciones está íntimamente ligado al ser humano. Tenemos necesidad de obtener información rápida de las cosas y de las personas, y por ello, clasificamos la información en categorías y ponemos etiquetas. Este sistema de clasificación está relacionado con nuestra forma de ser y las experiencias previas que hemos vivido.

En nuestro día a día, nos enfrentamos a situaciones y a personas ante las cuales ponemos en marcha un patrón de comportamiento en el que la valoración y el juicio suelen estar habitualmente presentes.

A nadie le gusta ser juzgado, pero, sin embargo, cuando lo que vemos en los otros no nos gusta o no coincide con lo que consideramos que “está bien o mal”, resulta fácil cuestionarlos y juzgarlos.

En muchas ocasiones desconocemos lo que sucede en la vida de los demás, pero en lugar de mostrar interés, preguntar -si las circunstancias lo permiten-, o ser conscientes de que no tenemos información suficiente, hacemos suposiciones y creamos algo alejado de la realidad. Emitimos nuestro juicio.

Este proceso que, con frecuencia se produce de forma automática, obedece a un deseo consciente o inconsciente de querer sentirnos mejor que los demás, y es absolutamente contrario a la empatía.

Juzgar a otras personas supone caer en la trampa de querer convertir en verdad algo basado en impresiones e interpretaciones. Además, cuando criticamos, somos nosotros mismos quienes nos llenamos de negatividad.

La persona que juzga dice más de sí misma que del otro.

En algunos ejercicios de introspección se ha mostrado la conexión que existe entre lo que juzgamos en los demás y lo que tenemos pendiente de resolver a nivel personal, es decir, es habitual juzgar en el otro aquello que aun no hemos resuelto por dentro.

A menudo juzgamos debido a nuestros propios miedos. Proyectamos fuera lo que nos irrita y nos disgusta de nosotros mismos. Juzgamos porque no nos aceptamos ni nos queremos como somos.

En otras ocasiones, lo hacemos porque buscamos cambios que no somos capaces de llevar a cabo o incluso criticamos aquello que en realidad envidiamos.

Oscar Wilde decía: “si nosotros somos tan dados a juzgar a los demás es debido a que temblamos por nosotros mismos”.

Juzgar supone llevar una pesada carga. No obstante, aliviar esa carga es posible.

El acto de “no juzgar” requiere un esfuerzo de calma, escucha activa y equilibrio. Para ello, vivir en el presente, “aquí y ahora”, nos permite abordar nuestro día a día sin irnos al pasado o al futuro para comparar, siendo conscientes de la oportunidad que tenemos de hacer las cosas de otra forma.

Otro elemento fundamental es observar cómo nos sentimos, reconocer nuestros patrones de pensamiento y comportamiento, y el origen de nuestros juicios y estereotipos para trabajar sobre ellos. ¿Qué es eso que juzgo tan duramente? ¿Qué tiene que ver conmigo?

Además, resulta necesario entrenar la empatía, ser capaces de ponernos en el lugar del otro para entender lo que le ocurre, como se siente y cómo se comporta.

Los cimientos de una relación sana son la aceptación, el respeto por uno mismo y por los demás, y la asunción del hecho de que todos somos personas únicas, con formas de ser diferentes.

Dejar de juzgar supone “mirar” al otro sin nuestros filtros, sin nuestros miedos; conlleva liberarnos de cargas y vivir con mayor plenitud.